¿Te enamoras o no?

El tema del enamoramiento (el que surge en el ambiente del amor romántico entre personas) es uno de los más complicados para mí. Específicamente hablando de ese proceso bioquímico, que según la ciencia, es un torrente de dopamina que entre muchas cosas hace que idealices a tu pareja y te enajenes. En una estructura monógama, el enamoramiento precede y promueve la formalización de la pareja, desencadena obsesiones e inseguridades, todas muy aceptadas como reflejos del amor.

En el ejercicio del amor libre, parece que el enamoramiento no encaja o por lo menos no facilita las cosas. Se me ocurren muchos ejemplos pero tan sólo desde que idealizas a tu pareja y entras en un estado enajenado, pierdes muchos elementos importantes para una comunicación efectiva. Sin embargo, el cóctel químico que te produce estar enamorado no es nada despreciable, algunas veces añoras todo ese entramado fisiológico y mental.

Los sociólogos de hoy dicen que el amor es una elección y de mi experiencia coincido con ellos respecto al enamoramiento, todo seguro comienza con una decisión consciente o inconsciente, primero decides que esa persona te gusta y unos días después; la expectativa, la imaginación o la misma negación te hicieron generar fantasías que te ponen predispuesto al enamoramiento. Y sabemos que el enamoramiento tiene una duración acotada, la utilidad de esa etapa para el amor libre está en duda, es difícil concluir si el placer supera el sufrimiento de estar enamorado.

En algún texto de contramor (me apena no poner aquí la referencia) se recomendaba sublimar la emoción del enamoramiento, estar al pendiente del fantaseo para tomar acciones conscientes y evitar la reducción de nuestra capacidad mental (es decir el apendejamiento). Pero ¿De verdad, no queremos sentirnos idiotas de amor? Sublimar una emoción es un trabajo delicado, sobre todo cuando lo confundes con controlar una emoción y esta te explota en la cara o te lacera el cuerpo.

El enamoramiento en una relación abierta es la cosa mas exótica que se puede vivir, por un lado sientes el amor suave, constante y robusto de tus relaciones más consolidadas, por otro lado vives los saltos y bajones emocionales de tu enamoramiento en curso, lo curioso es que no son excluyentes, con eso podemos tirar la parafernalia del amor único, pero tal experiencia deja más preguntas que respuestas. Enamorarte es tan violento que impacta en todas tus redes afectivas y ese es uno de tantos riesgos que presenta esta avalancha de emociones.

Queda la pregunta abierta, negarnos a reconocer que el enamoramiento es un deleite físico-emocional no sería justo, creer que lo podemos controlar es ingenuo, sublimarlo es un arte, vivirlo conscientemente podría ser la alternativa pero en el “cómo” esta el reto. Vivir el proceso de enamoramiento cada que incorporas a alguien a tu red afectiva suena complicado, me pregunto entonces si vale la pena enamorarse.

Lo cierto es que el enamoramiento también te pone a prueba, hay personas que en el proceso tocan el miedo o la inseguridad, y ambas disparan mecanismos de defensa que muestran lo peor de ti. Cuando el cóctel de químicos se dispersa la realidad te obliga a lidiar con las decisiones que tomaste y si eres honesto(a) contigo mismo(a) puedes percatarte que mucho de tu fantasía alimentó el romance y estas parado frente a tu pareja sin haberla conocido, mientras estabas enamorado, mejor aún, podrías darte cuenta que todavía no te conoces a ti mismo.

 

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Autor: isaidv

Reflexiono y escribo, algunas veces sin sentido y en otras sin rumbo.

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